Hay mucho que ganar y poco que perder.
Amor de corneta, de diana a retreta.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
Mejor precavido, que arrepentido.
Cada raposa mira por su cola.
La libertad abstracta, como las demás abstracciones, no se puede encontrar
Quitame de ahí es paja. (Se realizaba en la recolección, para molestar a alguien colocando una paja en su hombro para provocar una pelea).
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
El que tropieza y no cae, adelanta terreno.
Al loco y al fraile, aire.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Para una hormiga, una tormenta es una lluvia torrencial.
El siervo no sabe lo que hace su amo porque éste solo le explica la acción y no el fin
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
La avaricia es la mayor de las pobrezas.
Deja que tu ira se ponga con el sol y asegúrate que no vuelve a amanecer la mañana siguiente.
Todos desnudos nacemos, y así volvemos.
Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello.
Quien no tiene, perder no puede.
Dichosos los tiestos que salen a la botija.
Donde otro mete el pico, mete tú el hocico.
El dinero es igual al estiércol, solo sirve para estar esparcido.
Atender y entender para aprender.
El matrimonio es como el framboyán, primero vienen las flores y después vienen las vainas.
Piden de comer, piden de beber, afilan el diente, enjugan el vientre y ponen las mejillas coloradas: éstas son las cinco virtudes de las tostadas.
Dos no riñen si uno no quiere.
Con dificultad se guarda lo que a muchos agrada.
Cuando no sepas que hacer, un refrán te lo puede resolver.
Mi mujer y yo éramos felices... hasta que nos conocimos.
Ofrecer mucho, especie es de negar.
Hacer de necesidad virtud.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Las deudas son las mayores enemigas de la prosperidad.
No busques en el amigo riqueza, ni nobleza, sino buena naturaleza.
Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela.
Trabajo de muchachos y arada de borricos, no vale un perro chico.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
El movimiento se demuestra andando.
Al niño que llora le dan pecho.
Nazca mi hijo varón, aunque sea ladrón.
Una cosa es el amor y el negocio es otra cosa.
De sabios es cambiar de parecer.
Por San Andrés mata tu res, chica, grande o como es.
El hombre que te parece feliz a menudo es más infeliz que tú
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
Del cerdo me gustan hasta los andares.
Cuesta más vengar agravios que soportarlos.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
Casamiento y mortaja del cielo bajan.