El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
Dijo el gitano, pleitos te dé Dios, y los ganes.
Cuantos más seamos, más reiremos.
La alegría intensa es cosa seria
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Confía en lo que ves
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
Una manzana roja invita piedras.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Hay algo más en ello que un arenque vacío
A cada uno le parece pesada su propia cruz.
El sexo nos hace perder la cabeza
Mujer que se queja, marido que peca
Mejor que gruña el cochino que los hijos de tu vecino.
Todos nacimos en cueros; y aunque la vanidad nos viste, la tiera nos dejará en los huesos.
La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito
A quien Dios ama, Dios le llama.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Demasiada alegría es dolorosa
El enemigo del padre no es amigo del hijo
También de alegría se puede morir
La modestia murió cuando la falsa modestia vino.
Refranes y consejos todos son buenos.
La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
Un muerto hablando de un ahorcao.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Una manzana no cae lejos de su árbol.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
El ojo quiere su parte
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Aquel que guarda siempre tiene.
El dinero hace al hombre entero.
Un hombre puede lo que sabe
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
La alegría es gemela
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
A mono viejo no se le hace morisqueta.
Está por encima de sus enemigos el que desprecia sus agravios.
Aire de Levante, agua delante.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
Elogia el campo maduro, no el maíz verde.
Frente al amor y la muerte no sirve de nada ser fuerte
Depende de cómo caigan las cartas
Amigo ambiguo vale por dos enemigos
No pongas al ruin en zancos; que te escupirá desde lo alto.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Grano a grano la gallina llena el buche.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.