Casa donde manda la mujer, no vale un alfiler. Pero las hay por doquier.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Con el tiempo que pasa se conoce el corazón del hombre.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Blas, si por malvas vienes, mal vas.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
Las palabras amables no rompen huesos, pero las palabras perversas rompen muchos.
Cuando cae lluvia, agua anuncia.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
Un hombre es un hombre aunque sea un comino.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Todo es según el cristal con que se mira.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Los frailes comienzan por donde los otros acaban y cesan.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
De padre carpintero, hijo zoquete.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Lo que para ti no quieres, para otro no desees.
Cantó al alba la perdiz, más le valiera morir.
El amor es como la sombra: sobre la montaña, es inútil buscarla; en el agua, no teme la humedad; en el fuego, no tiene miedo de quemarse.
Guarismo eres y no más; según donde te pongan, así valdrás.
A quien tiene escopeta, guitarra, reloj y mujer, nunca le falta un trasto que componer.
La belleza es de índole caduca; una sola estación y desaparece
La sabiduría inútil solo se diferencia de la tontería en que da mucho más trabajo.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
Hay muchos diablos de un mismo pelaje.
Rana que canta, señal de agua, la de su charca.
Palabras melosas, siempre engañosas.
La muerte todo lo ataja.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.
Madre, casarme quiero, que ya sé freír un huevo.
Un gran hombre comparte lo que tiene con los demás.
Estas son de mi rodada.
El amor está oculto como el fuego en la piedra.
En cojera de perro y en lágrimas de mujer, no has de creer.
No hay duelo sin consuelo.
La mentira busca el rincón.
La sotana no hace al cura, ni el afeite la hermosura.
El que se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen.
A ruin, ruin y medio.
Al que come bien el pan, es pecado darle carne.
El caballo del judío, harto de agua y bien corrido.
Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
El flojo y el mendigo, caminan dos veces el mismo camino.