Secreto entre dos lo sabe Dios, secreto entre tres, descubierto es.
El zorro cree que todo el mundo come pollo como él.
Cuenta tu pena a quien sabe de ella.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
El hilo siempre se corta por lo más delgado.
Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea.
Un momento es más valioso que miles de piezas de oro.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
Soy una parte de todo lo que he encontrado
Ve tu camino para no tropezar.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Mejor solo que mal acompañao.
Quien convida al cantinero, o está borracho o no tiene dinero.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
No somos ríos, para no volver atrás.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
La mujer que no se casa, se seca como una pasa.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
El papel que se rompa él.
Cuanto más primo, más me arrimo.
La comida del hidalgo: poca vianda y mantel largo.
Las llaves en la cinta y el perro en la cocina.
Sigue la senda, aunque dé rodeos; sigue al jefe, aunque sea viejo.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Mujer asomada a la ventana o es puta o esta ENAMORADA.
No se va más lejos cuando se cambia de camino todos los días.
Qué bonita es la vergüenza, mucho vale y poco cuesta.
Agua de llena, noche de angulas.
El borracho fino, después del dulce, vino.
A muertos y a idos, no hay amigos.
Hasta las rosas más finas, también tienen sus espinas.
Cada hombre deja sus huellas.
A candil muerto, todo es prieto.
El que come y canta algún sentido le falta.
Ningún rencor es bueno.
Para mejor pasar la vida, tener esposa y querida.
Ruin es quien por ruin se tiene.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
Moza reidora, o puta o habladora.
Cuando Abril se marcha lloviendo, Mayo viene riendo.
Llegar y besar, suerte es singular.
Odios de mortales no deben ser inmortales.
La mujer puede atravesar la roca si se lo propone.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.
Vos contento y yo pagada, venid a menudo a casa.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.