Dar sale del corazón, no de las riquezas
Rucio rodado, antes muerto que cansado.
La crianza es buena los trece meses del año
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
El que no chilla, no mama.
Quien está detrás de los demás no pasa nunca delante
El beneficio no se encuentra en los hechos, sino en las intenciones
Caga el cura, caga el Papa, y de cagar, nadie se escapa.
No puedes enderezar el mundo con tu hombro.
Nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear.
Al perro flaco no le faltan pulgas.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
Aire gallego, escoba del cielo.
A un burro le hacían obispo y lloraba.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
Una taza de café trae cuarenta años de amistad.
Cuando las puertas de la ciudad se incendian los peces en el foso sufren.
El amor enseña a los asnos a bailar
Si no seré su guardián, dejaré a los gansos ser gansos
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
Cuidado, que antes de ser cura fui monaguillo.
Amigo reconciliado, enemigo doblado.
A misa, no se va con prisa.
Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.
Si Dios no te ha dado gloria, confórmate con la fama.
Al que le gusta el chicharron, con ver el coche suspira.
Nunca te duermas en los laureles.
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
De donde vino el asno vendrá la albarda.
Los cementerios están llenos de valientes.
A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.
Camaron que se duerme se lo lleva la corriente.
No hay nada que a Dios se resista, ni que se esconda a su vista.
Humano es el errar y divino el perdonar.
Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza.
Acarrear leña para apagar un incendio.
Del lobo un pelo.
Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo.
De abrigado a nadie vi morir, de desabrigado sí.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
El día nunca retrocede de nuevo.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
No aceptes soborno del poderoso ni oprimas al desheredado.
Saben cómo ejecutar, pero no saben cómo ocultar.
Callar y callemos que todos de barro semos.
La suerte avanza a pasos de tortola y huye a pasos de gacela.