El que quiera la fruta tendrá que trepar al árbol.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
Obispos y Abriles, los más son ruines.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
El que más bosques busca, más lobos encuentra.
Entre hermanos, si la prueba se gana o se pierde, da lo mismo.
Quien no arriesga nada, ni pierde ni gana.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
No dejes lo bueno por lo hermoso, ni lo cierto por lo dudoso.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
El que tienes más saliva, come más hojaldres.
Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
De ventero a ladrón, no hay más que un escalón.
Alegría, belleza cría.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Dios escribe derecho, por renglones torcidos.
Cuando tú vas, yo vuelvo.
Buena barba, de todos es honrada.
El futuro pertenece a los que se preparan para él.
Del agua derramada, ni la mitad aprovechada.
Perro en barbecho ladra sin provecho.
Es mejor compadecer que ser compadecidos
Quien hace, aplace.
Más vale buen viento que fuerza de remos.
Es más barata la cena, que se come en casa ajena.
Por mucho pan nunca es mal año.
Enero mojado, bueno para el tiempo y malo para el ganado.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
Obrar mucho, y hablar poco; que lo demás es de loco.
No tires piedras al vecino si tu techo es de cristal.
Al que bebe vino le huele el hocico.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
El cuchillo que no corta, si se pierde poco importa.
Guerra y racimo comenzados, no son dejados.
El que mucho habla, poco acierta.
El que no cae, resbala.
Más vale buen amigo que pariente ni primo.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
Como se vive, se muere.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Odia el pecado y compadece al pecador.
El ignorante a todos reprende y habla más de lo que menos entiende.
No hay escritor, por modesto que sea, que no piense en ser algo
Pan candeal no hay otro tal.
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.