Con los curas a oscuras nunca te quedes, que aunque llevan refajos no son mujeres.
Quién más te quiere, te hará llorar.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
En casa del ladrón te roban hasta la respiración.
Madre ardida hace la hija tollida.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
No hay mejor vecina que tu cocina.
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
A buen hambre, no hace falta condimento.
Ya decia Salomón que el buen vino alegra el corazón.
A la rana no le gusta que se sepa que fue renacuajo
Estar como un gallo en paté.
Hacer buenas (o malas) migas.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
Si te pica una salamanquesa, prepara el ataúd y la mesa.
El guaro, las mujeres y el tabaco ponen al hombre flaco.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Si tienes alubias, garbanzos o lentejas? ¿de qué te quejas?
Pa'trás como las del marrano.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Con ayuda del vecino, mató mi padre un cochino.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
A la mujer que fuma y bebe el diablo se la lleve. Y si además mea de pie, "liberanos domine".
Matar pulgas a balazos.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
Muchas palabras verdades se dicen en broma.
Las penas con pan son buenas.
Para fastidiar al patrón, no como lentejas.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
El que tiene narices, no manda a oler.
El pepino en el gazpacho, y los negocios en el despacho.
Cague la espina quien se comió la sardina.
Vaca ladrona no olvida el portillo.
Al que le van a dar le guardan y si esta frio se lo calientan
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
Tira en pleno Nilo al hombre afortunado, que volverá a salir con un pez en la boca.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
La que pone y es cretona, ya dejó de ser pollona.
Hasta a la mejor cocinera se le queman los porotos.
El amor refresca como el rocío
El aragonés fino después de comer tiene frío.
No paga los platos rotos, pero arma los alborotos.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
A quien Dios ama, Dios le llama.