Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
Esperanza que consuela, que no muera.
Una cuchilla desafilada hará a veces lo que no puede hacer un hacha afilada.
El ladrillo mal regado y bien barrido, y el empedrado, mal barrido y bien regado.
Al que por su gusto muere, la muerte le sabe a gloria.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
El que madruga, encuentra todo cerrado.
Presto rico, presto pobre.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
El que a reglas de educación no se sujeta, en cualquier parte de su culo hace trompeta.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
Por Santa Lucía, mengua la noche y crece el día, y hasta Navidad en su ser está.
Niebla que amanece, levanta y no agarra, buen tiempo que no falla.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Ingenuo y muy majadero, quien da la llave al ratero.
Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas.
A brutos da el juego.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Comer con fuerza, mascar con ganas y lo que no se hiciere hoy se hará mañana.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
Locura es no guardar lo que cuesta sudores ganar.
Al perro, échale un hueso, y se amansará con eso.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
Habla directamente al corazón.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
El hombre experimentado, es hombre viejo y gastado.
Los que saben más tretas, pierden más pesetas.
Cuanto más hacienda dejes, más esperada es tu muerte.
Que este dedo no sepa lo que hace su compañero.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
A la que bien baila, con poco son le basta.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
La justicia debe llegar hasta el ladrón
Ruin es quien por ruin se tiene.
En la casa del músico, hasta los gatos maúllan por nota.
Hasta arrancar un ajo cuesta su trabajo.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Humo de hogar no empaña el cielo.
No te alabes tanto si quieres llegar a santo.
De Abril y de la mujer, todo lo malo hay que temer.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga.
La tripa se ancha o se angosta, según como lo críen a uno.
Dos cabezas piensan más que una.
El hambre viene sola, pero no se va sola.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
O Cesar, o mierda.