Es más fácil cazar moscas con miel que con vinagre.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
Por dinero baila el perro, y por pan si se lo dan.
A caballero nuevo, caballo viejo.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
El verano es la madre de los pobres
La col hervida dos veces mata.
El mirón mirar, pero sin chistar.
El que ríe el último, ríe dos veces.
Cantó al alba la perdiz, más le valiera morir.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Lo que no mata engorda.
Le busca las cinco patas al gato.
La intención hace la acción
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Quien da lo que tiene, a pedir se queda.
Ni en el agua ni en el viento, escribas tu pensamiento.
Recordar es desandar, y lo que antes se vivió, volverlo a contemplar.
El agua derramada es difícil recogerla.
¿saldrá humo de una chimenea apagada?.
La felicidad no es cosa de risa
Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Es mejor encender una cerilla que maldecir la oscuridad.
Dale con que la abuela fuma.
Cuando dos hermanos trabajan juntos las montañas se convierten en oro.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.
Al hombre bueno, no le busquen abolengo.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Ni amor reanudado ni chocolate recalentado.
Madre pía, daña cría.
Amo de muchos gañanes, todos para él truhanes.
Desde pequeñito se endereza el arbolito.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
Quien una vez te engañó, no lo haga dos.
Es mejor que digan: “Por aquí corrió”, que no “Aquí quedó.”.
Saber de pobre no vale un duro
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Es posible soportar el arroz y el té frios, pero la mirada y las palabras frías son insoportables.
A quien has acallado no le hagas llorar.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
No hay madre como la de uno mismo.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y dale de comer tarde.
Ira de dos que se aman, en abrazos para.
Parto largo, y parto malo, hija al cabo.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.