Una mentira, madre es de cien hijas.
Buenas palabras y malos hechos engañan a los locos y a los cuerdos.
Un pie calzado y otro descalzo
Lo que se hace de noche sale de día.
A quien no le sobra pan, no críe can.
Como canta el abad responde el monaguillo.
Cántaro roto para tiesto vale.
Incluso el día más largo tiene un final
La zorra suele predicarle a las gallinas: hermanas mías.
Para el mozo, moza hermosa. Para la moza, mozo gracioso.
El hambre y la guerra, para verlos a cien leguas.
La vida es una sorpresa continua
¿Usted qué come que adivina?
Amigo y vino deben de ser añejos.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
La fuerza no es un remedio
Rey en mi casa soy, y a donde no me llaman, no voy.
Una buena campana se siente de lejos.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
Las palabras no tienen alas pero pueden volar miles de kilómetros
Perro viejo no aprende trucos nuevos.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
A galgo viejo, dadle liebre, no conejo.
Untar la carreta para que no chirrié.
Cada hijo de vecino tiene sus hechos por padrino.
Mentiras y olas, nunca vienen solas.
Monja de Santa Irene, que en brazos llevas el nene.
Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Nada sacar y mucho meter, receta segura para crecer.
Donde hay yeguas, potros nacen.
Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.
A ama gruñona, criada rezongona.
De casas y de potros que lo hagan otros.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
Más ordinario que una vaca con pedal.
De cuentos suele irse a chismes.
No alardees de tu buena suerte ni te quejes de tu poca fortuna. Son dos caras de la misma moneda. Simplemente dale la vuelta a la moneda.
Cosechas de ajos y melones, cosechas de ilusiones.
Cuando las ranas críen pelos y los sapos orejas.
Dile al tonto que tiene fuerza y el tonto más fuerza hace.
El primer amor nunca se olvida
Hija que casas, casa que abrasa.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Dineros de sacristán, cantando se vienen cantando se van.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Para morir siempre es muy pronto, para amar nunca es tarde.