Dios castiga sin palo ni piedra
El perro viejo cuando ladra da consejo.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
De Navidad a Navidad, solo un año va.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
Ni fraile en boda, ni perro entre ollas.
Palos por que bogas, palos por que no bogas.
Pueblos vecinos, mal avenidos.
A la hora mala no ladran los perros
Cien ratones a un gato, le dan un mal rato Cien refranes, cien verdades.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Que no te den gato, por liebre.
Los refranes no engañan a nadie.
Si quieres que te siga el perro dale pan
Madre solo hay una, y padres muchos...
Unos nacen con estrellas y otros estrellados.
A los tontos no les dura el dinero.
Niño que llora, de mear se ahorra.
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
Mejor que gruña el cochino que los hijos de tu vecino.
Niños Los de pequeños, que no hay castigo después para ellos.
Año de bellotas, nieve hasta las pelotas.
Por Navidad en casa y cerca de la brasa.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
El fraile, la horca en el aire.
En cada refrán tienes una verdad.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
Como chancho en misa.
Si te queda el saco.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
En Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.
Reunión de zorras, perdición de gallinas.
Contigo, pan y cebolla.
La morena, de azul llena.
Otra cosa es con guitarra
Pueblo chico infierno grande.
Ni tan vieja que amule, ni tan moza que retoce.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Lluvia y nieve por enero, son anuncios lisonjeros.
Cuando no sepas que hacer, un refrán te lo puede resolver.
A mucho amor, mucho perdón.
Aquí hay gato encerrado.
Razonar para reñir, es cosa de reír.
Las fiestas en donde estés, la Navidad en casa.
Los patos marinos anuncian nieve.
Ni guinda chupada, ni moza besada.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.