Esposa prudente es don de Dios.
A quien gana buscaras, que quien pierde, él volverá.
Cuando el carro se ha roto mucho os dirán por donde se debía pasar.
Jurado tiene el espejo no hacer bonito lo feo, ni joven lo viejo.
Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.
El miedo a los pequeños defectos hace crecer los grandes
Pocas palabras son mejor.
No busques pan en la cama del can.
El relajo es dulce después del trabajo.
Un arma es un enemigo para su dueño.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
Año de brevas, nunca lo veas.
Cada uno canta como quiere.
De lejanas regiones, mentiras a montones.
A donde vas bien. A donde más se tiene.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Pan ajeno, caro cuesta.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Al son que me hicieres, a ese bailaré.
Consejos y un remedio, no valen un real y medio.
A veces perdiendo se gana.
Ni fíes mujer a fraile, ni barajes con alcalde.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Callen barbas y hablen cartas.
El día que no escobé, vino quien no pensé.
La letra mata, el espíritu vivifica.
La amabilidad es arma más noble para conquistar.
Variante: El perfume bueno viene en frasco pequeño.
Si te vieres en prosperidad, acuérdate de tu adversidad.
Cuando el búho canta, o llueve o escampa.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
De hombres leales, están llenos los hospitales.
A Dios rogando y con el mazo dando.
No hay mano que pueda para el tiempo
Con palabras y más palabras no se llena la media fanega.
Año de hongos, año de nieve.
La rana no puede pensar en el renacuajo como un enemigo.
El llanto alivia el quebranto.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
Los dioses ayudan al que trabaja
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
Los que temen una caída están medio vencidos.
Quien no arrisca, no aprisca.
No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera.
El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Caer es más sencillo que levantarse.