Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
El que no se embarca, no se marea.
No dispongas para ti pesos con defecto: serán abundantes en penas por la voluntad del Dios.
Lo escrito, escrito esta.
Antes queda dispuesta una embarcación que una mujer que se dispone a salir.
Ovejas de una puta, carneros de un ladrón, bien haya quien os guarda, mal haya cuyo sois.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Si hay miseria, que no se note
Canta el grillo, canta la rana, lo que no se haga hoy, se hará mañana.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
¿Qué puede el humo hacerle al hierro?
Cuando la gallina espanta al gallo, señal de mal año.
Agua que no has de beber, déjala correr.
El mosquito de uno es el camello de otro.
Que cada perrillo se lama su cipotillo. (Variante: que cada perrico se lama su cipojito (Cartagena)
Pa' todo hay fetiche.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
Desde el día de santa Catalina o nieve o barro
Le dijo la sartén al cazo.
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
O follamos todos o tiramos la puta al rio.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
Las llamas se elevan más cuando cada uno les echa leña.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Al cielo nadie va con ojos secos.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Perros raspan, pero la caravana passa.
Quien amigo es del vino, enemigo es de sí mismo.
Nunca habéis oído decir un refrán bien verdadero: quien más sirve en este mundo el que tiene más dinero.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Los verdaderos amigos se conocen en la adversidad.
Azúcar y canela, hacen a la vida buena.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Los pájaros escuchan las palabras del día y las ratas las palabras de noche.
La sal y los consejos solo se dan a quien los pide
Arrieros somos y en el camino andamos.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
En el menguante de enero, corta tu madero.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Con caracoles, higos y brevas, agua no bebas.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino.