Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Responder al airado luego, es echar leña al fuego.
Nunca le hagas a nadie, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Juramento, juro y miento.
Bebe agua de río por turbia que vaya, vive en la ciudad por mal que te vaya.
Guárdate de puta que la bolsa deja enjuta.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Caballo que es bueno, no ha de menester mucho sonar de su timbre.
Con un carro y un borrico, el hombre se hace rico.
Hablar de la edad y del dinero es conversación de arrieros.
Roba tú por allá, que yo robaré por acá.
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
El que presta a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
Se toca con los ojos y se mira con las manos.
El enfermo quiere su vida, el médico quiere sus honorarios.
Por San Andrés, la nieve en los pies.
Dar al olvido.
Al enemigo, ni agua.
Dineros en manga, tanto vino como agua.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Al que por su gusto muere, la muerte le sabe a gloria.
Mientras vas y vienes, no falta gente por el camino.
En aguas donde hay piraña, muy pendejo quien se baña.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
Mientras vivamos en la ignorancia, seremos siempre los unos enemigos de los otros.
La barriga llena da poca pena.
Juego y paseo, solo para recreo.
El duro del casado vale dos cincuenta.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
Dueña que mucho mira, poco hila.
Poco freno basta, para la mujer casta.
Tiran más tetas que carretas.
La paciencia cura todos los males, pero ¿cuántos tienen suficiente paciencia hasta que se cure el mal?
Nadie apalea a un perro muerto.
El que vive en una casa de cristal no debe tirar piedras.
No puedo ser puta y pechera, no quiero aunque pudiera.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Está oscuro debajo de la lámpara
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Un libro es como un jardín en el bolsillo.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Como el perro de muchas bodas, que en ninguna come por comer en todas.
El que escucha consejos, llega a viejo.
Mujer al volante, peligro constante.