Volverse humo.
Verifica siete veces antes de cuestionar a una persona.
Limosnero y con garrote.
Iba en su yegua y preguntaba por ella.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Más vale que la bolsa sienta el dolor que no el corazón.
¿Me guardas un secreto, amigo?; mejor me lo guardas si no te lo digo.
En tiempos de lluvia se requiere algo más que un gabán.
Fue por lana el avispado, pero volvió trasquilado.
Noviembre y enero, tiene un tempero.
Cara de beato y uñas de gato.
Anda caliente, come poco, bebe asaz, y vivirás.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
Donde buena olla se quiebra, buena cobertera queda.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
Los pájaros, tirándole a las escopetas.
La mujer baja la voz cuando quiere algo, pero la sube al máximo cuando no lo consigue.
Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza.
Las cortinas de una alcoba son como las de un tribunal, y la cama de marfil es parecida a una cárcel
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Donde no hay mata, no hay patata.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
A la mujer y al papel, hasta el culo le has de ver.
Para su casa no hay burro flojo.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
Agua de bobos, que no llueve, y nos calamos todos.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
Mandan al gato, y el gato manda a su rabo.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
Cuando canta la rana, buena semana.
Ni aunque estudie en Salamanca, se hace la prieta blanca.
Tapar la nariz, y comer la perdiz.
Al músico viejo le queda el compás.
Del harto al ayuno, no hay duelo ninguno.
Honor a quien honor merece.
La buena mula en el establo se vende.
El hombre se tuerce; pero no se rompe.
Hacer una montaña de un grano de arena.
Deja la h de ayer para hoy.
Para San Matías se igualan las noches con los días.
La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
No hay mal que dure cien años, ni enfermo que lo resista.
El que apura su vida, apura su muerte.
El que lava la cabeza del asno, pierde el jabón, y el que predica en desierto pierde el sermón.
El que tarde trilla, la lluvia le pilla.
Hijos y hogar, son la única verdad.
El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.