Vísteme despacio que tengo prisa.
Si cien hombres afirman que un loco es sabio, lo es.
No hay caminos para la paz, la paz es el camino.
El burro hablando de olotes.
Peces grandes no viven en charcos pequeños.
Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza.
Los ojos brillan al patrón cuando encuentra un tontorrón.
En camino largo, corto el paso.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Allí haz a tu hijo heredero, donde anda la niebla en el mes de enero.
Las novedades son la sal de la vida.
De pollos de labrador, líbranos, Señor.
El que a dos amos atiende, a uno le queda mal.
Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido.
Vivimos entre dos nadas: nada al nacer y nada al morir.
Castiga a los que te envidian haciéndoles el bien.
Para muerte repentina, mezclar trago y gasolina.
Fango que se mueve, a demonios hiede.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
En vida de nadie te metas que salen perdiendo las alcahuetas.
Para San Matías se van los tordos y vienen las golondrinas.
En almoneda, ten la boca queda.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
De veinte a sesenta, cornamenta.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.
Comamos manzanas todo el año y la enfermedad sufrirá un desengaño.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
El labrador siempre está llorando, o por duro o por blando.
A caballo nuevo jinete viejo.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
De un hueco salimos y a un hueco vamos a dar.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
Quien salva al lobo, mata al rebaño.
Si cada uno barriera delante de su puerta, ¡qué limpia estaría la ciudad!
Más vale cobarde vivo que valiente muerto.
A quien dan, no escoge.
A ése le gustaría volar, pero le faltan las plumas.
La sonrisa de un niño es más hermosa que la joya más valiosa.
A Dios, lo mejor.
Hablando se entienden los blancos.
En Abril, aguas mil.
Donde lo hay, se gasta.
Septiembre el vendimiador, corta los racimos de dos en dos.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.
Está por encima de sus enemigos el que desprecia sus agravios.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.