A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
Abrojos, abren ojos.
A bien se llega quien bien se aconseja.
El que se va no hace falta.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
Lo tragado es lo seguro.
De los muertos no se hable sino bien.
El hablar bien, poco cuesta.
Por pedir, nada se pierde.
Al capón que se hace gallo, azotallo.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
El cerebro es embustero; el corazón verdadero.
Lo que trae un día se lo puede llevar otro.
Que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza no lo puedes evitar; pero que aniden en tu pelo si lo puedes prevenir.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
La inteligencia anula el destino. Mientras piense un hombre es libre
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.
Cuando Marzo mayea, Mayo marcea.
A consejo malo, campana de palo.
Cuando moco, moco, cuando cana, cana.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Si ella te mima más de lo que debe, te está engañando o engañarte quiere.
Al amigo falso, tómelo el cadalso.
Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Enfermedad a plazo fijo, señal es de nuevo hijo.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
Hacer el primo.
Ya no bebo vino, porque me cuesta dinero; pero siendo de balde, echa vino tabernero.
Nada puede dar quien nada tiene.
Hacer un viaje y dos mandados.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
El que bien vive, harto letrado es.
Quien no ha probado lo amargo no sabe lo que es dulce.
En enero, enciende la abuela el brasero.
Muerte deseada, vida prolongada.
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
Una obra acabada, otra empezada.
Detrás de las nubes, siempre brilla el sol.
Hombre narigudo, ingenio agudo.
Si quieres que el Diablo no se presente, no lo mientes.
Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla
El que con lobos anda a aullar aprende.
Ir bestia a Salamanca y volver asno, a muchos ha pasado.
Reniego de la viña que torna a ser majuelo.
Quien viste de harapos en un país donde todos van desnudos, será tomado por loco.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
No hay tonto para su provecho.