Vive la vida y no dejes que la vida te viva.
Todos los días no se le muere el burro al arriero.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
El buey solo bien se lame.
Si camina de noche y pica, en el corazón siente una cosita.
La mujer decente, sufre más que se divierte.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
El siguiente vicio es la mentira, si el primero son las deudas.
El sueño y la muerte hermanos parecen.
Fiar es de hombre bobo, pues es pagar lo que come otro.
En mi casa, yo me soy rey y yo me soy Papa.
Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra.
Donde hablen, habla; donde ladren, ladra.
Más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo.
Ya viene Marín Moreno, el que quita lo malo y pone lo bueno.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
El oro se prueba en el fuego y los amigos en las adversidades.
Ido el conejo me das consejo.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
Nadie compra la vaca si le regalan la leche.
No digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre.
Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Llegar a punto de caramelo.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
Si el que te aborrece tiene hambre, dale de comer pan; si tuviere sed, dale de beber agua.
Febrero, rato malo y rato bueno.
Desde lejos te escribo, y desde cerca no te visito.
Entre pitos y flautas.
Quien nada pide, nada recibe.
Ocio, ni para descansar.
Quien ha leído hasta diez mil v olúmenes escribirá con espontánea inspiración a punta de pluma.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Gástate en juerga y en vino lo que has de dar a los sobrinos.
El corazón humano es difícil de palpar, como la molleja del pato es difícil de pelar.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Te doy un dedo y me quieres coger el brazo.
La franqueza no es agravio, ni ser sincero es resabio.
El hombre sabio es aquel que busca instruirse con todos los hombres; el hombre fuerte, aquel que sabe quebrar sus deseos; el hombre rico, aquel que se contenta con su suerte, y el hombre honrado, aquel que honra a los demás.
Un niño sin padre es como una casa sin techo.
La belleza entra por la boca.
Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a tí.
La lengua resiste porque es blanda; los dientes se quiebran porque son duros.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
A tu casa venga quien te eche de ella.