Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Aquel pregona vino y vende vinagre.
Romería de cerca, mucho vino y poca cera.
La mujer que de día calla por la noche manda.
Más fea que un carro por debajo.
El sueño es alimento de los pobres.
Cuando siembres siembra trigo que chícharos hacen ruido.
Rica que con pobre casa, un criado más tiene en su casa.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
Un tigre no pierde el sueño por la opinión de las ovejas.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Por San Andrés, corderillos tres.
Por la calle van diciendo, poco nos llevamos todos.
Mejor prevenir que lamentar.
Dime matagatos, que he matado un gato.
Bonitas palabras al más listo engañan.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
El buen gallo, en todo gallinero canta.
Como es el padre, así es el hijo.
Burro cansado, burro empalmado.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
El can en Agosto, a su amo, vuelve el rostro.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
El hambre es el mejor cocinero.
Más fea que una patada en la canilla.
De casas y de potros que lo hagan otros.
El que calla, otorga.
Como el maestro "ciruela" que no sabe leer y pone escuela.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
El hilo siempre se corta por lo más delgado.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Aire gallego, escoba del cielo.
Una gran ciudad es un gran desierto.
Quien baila y canta, su pena espanta.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
Un mes antes y otro después, es invierno de verdad, que es cuando llegan los dos hermanos, moquito y soplamanos.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
Amor de lejos, felices los cuatro
Los difuntos, todos juntos.
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas.
El amor es como el agua que no se seca.
Ni en burlas ni en veras, pidas al melonar peras.
Cuando llueve y hace sol, canta el gallo del Señor.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.