El que es culpable puede reincidir.
Después de comer, ni un sobre escrito leer.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
La boca hace deudas, pero los brazos pagan.
Agua al higo, que ha llovido.
Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
Grano a grano, se llena el granero.
Mal puede cumplir el pobre con la palabra dada.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
Año de piedras no es mal año; pero pobre del que le toca.
La paciencia es agria, pero tiene una fruta dulce.
Gallo fino no extraña gallinero.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Los cachos como los dientes duelen al salir, después se come con ellos.
Malo vendrá que bueno me hará.
Dicen y decimos que más vale un hermano que diez primos.
La muerte todas las cosas iguala.
Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
El caballo es regalado, ¿y exiges que traiga bocado?.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos.
El que quiere a China quiere a Mao. El que no ama a China no ...
El que quiere mentir, alarga los testigos.
Tenemos dos ojos para ver mucho y una boca a hablar poco.
Alabar y callar para medrar.
Favor publicado, favor deshonrado.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
Con dinero en el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
La suerte nunca da, solo presta.
Con cuatro que obedezcan, uno que mande.
Mientras más se vive, más se aprende. Por eso había una vieja que nunca quería morirse.
Mejor caminar con quien se ama que descansar con quien se odia
Mallorquina, puta fina
Gran riqueza cien quebraderos de cabeza.
No puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas.
Ojo por ojo y diente por diente.
Este se mete como Juan por su casa.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
A osadas, que quien lo dijo no mintió.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Amigo del buen tiempo mudase con el viento.
El caballo conoce por la brida al que lo guía.