Lo que no mata engorda.
Darle castañas al castañero, tiene salero.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Más ordinario que un sapo en un acuario.
La sugestión obra.
¿Adónde vas, mal?. Adonde hay más.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
El venido es preferido, que el ausentado pronto es olvidado.
Cenas, soles y Madalenas, tienen las sepulturas llenas.
Agua que no has de beber, déjala correr.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Los pies van donde va el corazón
Mejor no empezar algo que no acabarlo.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Tras cada tres bocaditos, un traguito.
El amor enseña incluso a un cura a bailar
Santo que mea, maldito sea.
Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.
Casado que vuelve a casa manivacío, ese es baldío; casado que vuelve a casa manilleno es bueno.
Vale más ser cobarde un minuto que estar muerto todo el resto de la vida.
Las tres ces que matan a los viejos: caída, cólico o cursos.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Si mi cuerpo muere, deja que mi cuerpo muera, pero no dejes morir a mi país
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
Dar un cuarto al pregonero.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Ya va el galgo cerro arriba, harto de corteza y miga.
Miel sobre hojuelas. (para indicar que algo es muy bueno)
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
El perro viejo no ladra sin razón.
Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
No te asombres por poca cosa.
Una rata dentro de una tinaja.
La fantasía es la droga de la mente
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Al que madruga, Dios le ayuda.
Por numerosos que puedan ser los meandros del río, acabará por ir a parar al mar.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
El que madruga, encuentra todo cerrado.
El que a la tienda va y viene, dos casas mantiene.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
El que canta, sus males espanta.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.