Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Yerno, sol de invierno, sale tarde y pónese luego.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Vino y pan andar te harán.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.
Entre col y col, lechuga.
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
Más corre un caballo viejo que un burro nuevo.
El vino es la leche de los viejos.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
El que con niños se acuesta mojado amanece.
Buena fama es buena cama.
Ir por leña y volver caliente, le ocurre a alguna gente.
Los buenos vuelan, los malos quedan.
Poco dinero, poco sermón.
Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a una sola, permanecerás en las tinieblas.
Casa de pan tierno, casa sin gobierno.
La mejor suegra, la muerta.
La mujer finge más que miente; el hombre miente más que finge.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
El cazador que habla demasiado, va a casa de vacío dio.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
El benévolo ve benevolencia; el sabio ve sabiduría.
Todo gran amor no es posible sin pena.
No hay viejo que no haya sido valiente, ni vieja que no haya tenido sus veinte.
La venganza es repudiable, pero tiene algo agradable.
Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.
Empezar como grande y acabar como chico, corrida de caballo y parada de borrico.
Lo que no arrastran dos tetas, no arrastran carretas.
Se aprende poco con la victoria, en cambio, mucho con la derrota.
Ido el conejo me das consejo.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
Achaque el viernes por comer carne.
Siempre le dan habas al que no tiene muelas.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Morir rico tras vivir pobre, llámale bestia y no hombre.
De un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina.
Un asno no aprecia compota de frutas.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Habla de tu pueblo y hablaras del mundo.
Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
Las truchas y las mentiras, cuanto mayores, tanto mejores.
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.