Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
Cuando todo está perdido, no hay golpe peligroso.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
El amor de carnaval muere en la cuaresma
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
En casa del alboguero, todos son albogueros.
Otro gallo le cantara.
El llanero es el sincero, y del serrano ni la mano.
Pascua con luna, cabras ninguna, ovejas tal y cual.
Ni higos sin vino, ni pucheros sin tocino.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
El hombre recurre a la verdad solo cuando anda corto de mentiras
Al aguador, su cuba y no la borla del doctor.
Agua que no fluye se vuelve pantano y apesta.
Las estaciones son como una lima que trabaja sin ruido
En cada corral un solo gallo, y en cada casa un solo amo.
En casa del que jura, no faltará desventura.
¿Fiado?. Mal recado.
El conejo y el ruin, donde nace quiere morir.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios.
Dinero que el naipe ha traído, hoy venido y mañana ido.
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca
Un hombre no vaga lejos de donde se está asando su maíz.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
Por año nuevo, trigo y vino y tocino, ya es viejo.
Nadie cante victoria aún cuando en el estribo esté.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
A rocín viejo, cabezada nueva.
Cuídate del amigo al que has ofendido
Después de perdido el barco, todos son pilotos.
Tengo que aprender a caminar con tres patas dice la hiena cuando es vieja.
La verdad es de un solo color
Tal para cual, Pedro para Juan.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Miren quién habló, que la casa honró.
Donde hay duda hay libertad.
El vino hace buena sangre
A las obras me remito.
Se empieza por avergonzarse de un vicio y se acaba alardeando de él
Bien está lo que bien acaba.
La casa de Celestina, todos la saben y nadie la atina.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Con una misa y un marrano hay para todo el año.