Muerto el perro, se acaba la rabia.
A nadie le hace mal el vino si se bebe con tino.
El agua tiene babosas.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Amor con amor se paga, y lo demás con dinero.
El que se alegra del mal del vecino, el suyo le viene de camino.
La sierra, con nieve es buena.
Solo como Adán en el día de la madre
Ama profunda y apasionadamente.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
No hay que buscar al ahogado rió arriba.
Aunque suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro.
Acoge lo provechoso y no admitas lo dañoso.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala.
Quien se siente mocoso, se suena los mocos.
Sin harina no se camina.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Farolillo de la calle, tizón de la casa.
En la copa de San Elmo quiere atrapar pulpos de mar
Yantar aquí es un encanto, si tomas "duelos y quebrantos".
Soldado que huye sirve para otra guerra.
La buena hilandera en invierno acaba la tela.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
El joven para obrar y el viejo para aconsejar.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Mas se perdió en Cuba, y venían cantando.
Se defiende como gato panza arriba.
A la corta o a la larga no hay matrero que no caiga.
Agrandado como alpargata de pichi.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
Éste cree que vengo de arriar pijijes.
El arenque cuelga de sus propias agallas
El pez muere por su propia boca.
Si el mozo supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Hablar hasta por los codos.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Para ser bella hay que ver estrellas
Si se dejan abiertas las puertas, los cerdos correrán al trigo
Pa'trás como las del marrano.
Cada mono sabe de qué árbol se cuelga.
Las palabras conmueven, pero el ejemplo convence y arrastra.
Cuídate/líbrate del agua mansa que de la brava me cuido/libro yo.
Con ayuda del vecino, mató mi padre un cochino.
Amores reñidos, los más queridos.