Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
El pasado tiene más perfume que un bosquecillo de lilas en flor.
Se puede juzgar a un hombre por su nación, pero no a una nación por un hombre.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Frutos y amores, los primeros son los mejores.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Hablar poquito, y mear clarito.
La montaña es pesada, pero una mariposa levanta a un gato en el aire.
El que pide en exceso, le dan lo que envuelve al queso.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
La presa que robó el gato, no vuelve jamás al plato.
Siempre la aguja se le dobla a quien no tiene otra.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Ni el tiempo ni la marea esperan por nadie.
Intimidades, solo en las mocedades.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Tronar como un arpa vieja.
Cuarentón y solterón... ¡que suerte tienes cabrón!.
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
Quién tiempo tuvo y tiempo perdió, con una albarda castíguele Dios.
Muertos los piojos por hacer Columpio.
Del bueno se abusa y al malo se le atusa.
Tiran más dos tetas, que los bueyes de dos carretas.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
Buscar los tres pies al gato.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto.
Durante los meses de mal tiempo el agua corre hacia atrás
Dale con que la abuela fuma.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
Quien aprisa sube, aprisa se hunde.
Jáquima puesta , entiéndese vendida con la bestia.
El buen hombre vale más que las grandes riquezas.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
La suerte está echada.
Tener todo lo necesario para ser feliz, no es una buena razón para serlo realmente
Vuelve a tu menester, que zapatero solías ser.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Los infiernos están llenos, de votos y deseos buenos.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
Deja que tu ira se ponga con el sol y asegúrate que no vuelve a amanecer la mañana siguiente.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
Si dieras de comer al diablo, dale truchas en invierno y sardinas en verano.