Donde comen cuatro comen cinco.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
Zorra vieja no cae en la trampa.
No se muere dos veces si no se escapa de la muerte una vez.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
Dios perdona a quien su culpa llora.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Aún queda el rabo por desollar.
Bonita y fina me haga Dios; que rubia y blanca me haré yo.
El labrador para Octubre sus deudas cubre.
La venganza es un plato para tomar frío.
En una empresa orientada a los productos estándares, uno es tan inteligente como el competidor más tonto.
Lo comido por lo servido.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
Si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.
Más matan cenas que guerras.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Ruega a Dios por el mal señor, porque no venga otro peor.
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
Ser rico y privarse, no es ser rico, sino guardián de equipajes.
Es lícito responder a la fuerza con la fuerza
El que anda pidiendo prestado, no tardará en andar con lamentaciones.
A la mujer y a la suegra, cuerda.
Loro viejo no aprende a hablar.
No está la Magdalena para tafetanes.
Buen moro, o mierda u oro.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Un año bueno da para siete malos.
Haga lo que yo mando, no lo que yo hago.
La alegría, Dios la da y el diablo la quita.
Fruta prohibida, más apetecida.
El ladrón no roba jamás una campana.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Lo que viene deprisa, pronto se va.
Hombre entrado en días, las pasiones frías.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Con dinero baila el perro.
Para ser dichoso, vida de clérigo, enfermedad de casado y muerte de religioso.
El bobo todo lo sabe hacer cuando no es menester.
Loca es la oveja que al lobo se confiesa.
Se puede juzgar a un hombre por su nación, pero no a una nación por un hombre.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
La alegría intensa es cosa seria
De la mar, el mero; y de la huerta, el puerro.