Cada cual en su madriguera sabe más que el que viene de fuera.
Hay miles de miserias en un solo amor
La remilgada de Jurquillo, que lavaba los huevos para freírlos.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
A buenas ganas, huelgan las salsas.
Sabios conocí; sabios para los otros y necios para mí.
En verano, no hay cocinero malo.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Donde va el perrito, va el gatito.
El frío conoce al encuero.
Amor, tos y humo no se pueden esconder
Un día con la suegra, un día de tinieblas.
Quien con hambre se acuesta, con pan sueña.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Si dices la verdad, ya tienes un pie en el estribo.
A una bella muchacha nunca le falta enamorado.
Esto es de rompe y rasga.
Si tienes alubias, garbanzos o lentejas? ¿de qué te quejas?
Dios creó el tiempo, pero el hombre creó la prisa.
Lo barato es caro y lo caro es barato.
Dame aficionado al juego y yo te daré borracho y mujeriego.
Toma a un hombre sabio para aprender de sus errores, pero a uno más sabio que aprenda de los errores de otros.
El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.
No hay secreto si tres lo saben.
Está más loco que una cabra.
Mayo que fuere ventoso, todo fruto hace sabroso.
Bien vengáis, con tal que algo traigáis; y mal, si algo os queréis llevar.
El ladrón no roba jamás una campana.
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho.
Limando se consigue de una piedra una aguja
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Yo no tengo por qué sudar fiebres ajenas.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
Quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer algo encuentra una excusa.
A las obras me remito.
No compres cabra coja pensando que sanará; son las sanas y encojan, con que las cojas qué no harán.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Mientras la viuda llora, otros cantan en la boda.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
De saltamontes a chicharra poco marra.
Cuando mi hijo fue al baño, trajo que contar todo el año.
Obra de chapucero cuesta poco, pero vale menos.
Campo florido, campo perdido.
Me traen por la calle de la amargura.
Habiendo un hueso entre ellos, no son amigos dos perros.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
Enviar desde la lejanía a mil li plumas de ganso, por liviano que sea el regalo, encierra afecto profundo.
Burla pesada, en veras acaba.
No retengas a quien se va, ni rechaces a quien llega.