No vengas a asustar con el petate del muerto.
Para San Antón, busca la perdiz al perdigón.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Donde hay gallo, no canta gallina.
El que guarda siempre encuentra.
El que tarde trilla, la lluvia le pilla.
La suerte está echada.
Cuando pases por la tierra de los tuertos, cierra un ojo.
Sobre mojado llueve, y sobre seco a veces.
El fruto maduro cae por su propio peso, pero no cae en nuestra boca
El borracho vendería los pantalones por beber.
Calienta más el amor que mil fuegos
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
La buena borrachera ha de durar una semana entera.
Los animales feroces no se matan nunca por placer. Solo el hombre lo hace
Juncos aunados, por nadie quebrados.
Un estómago hambriento no tiene ningún oído.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada
Al hombre listo y tunante, no hay quien le eche el pie delante.
Llega lo inesperado y malogra todo lo pensado.
Allá van leyes, donde quieren reyes.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
El que vive de prestado, algún día es encuerado.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
Quien empiece el juego que siga con él
Es más listo que el hambre.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Quien tiene boca se equivoca pero el que tiene seso, no dice eso.
La tradición y los platos se hicieron para romperse.
El que muda de amo, muda de hado.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
No hay que dejar escapar una oportunidad, que nunca va a presentares otra vez.
El tramposo, el codicioso y el tahúr, presto se conciertan.
Mejor amar poco a condición de amar siempre.
Mano de santo cura como por encanto.
Mal se aviene el Don con el Turulaque.
Quien tiene ocios, le salen mal los negocios.
Hacer agua los dientes.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Vale más ser cobarde un minuto que estar muerto todo el resto de la vida.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
Siempre le dan habas al que no tiene muelas.
Pasará, sea lo que sea.
La miseria es como la tos, no se puede esconder.
El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles.