Arco iris por la tarde, buen tiempo aguardes.
Siempre que llueve, escampa.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
El amor de carnaval muere en la cuaresma
Las armas las cargan el diablo.
A donde acaba el novio, empieza el marido.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
No hay mayor tontería que reñir.
La vida es un trabajo que hay que hacer de pie
Tantas veces fue el burro al molino, que olvido el camino.
Reniego de plática que acaban en daca.
Los ajos en Navidad, ni ácidos sin por sembrar.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
Asno que entra en dehesa ajena, volverá cargado de caleña.
El que ríe el último, ríe dos veces.
A más beber, menos comer.
Todo pasa frente al tiempo, y nosotros creemos que es él el que pasa
El que cree en espantos, hasta de la camisa se asusta.
Al fuego y al fraile no hurgarles. Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
A dos palabras tres porradas.
Pies fríos, corazón caliente.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.
Riqueza trabajosa en ganar, medrosa en poseer, llorosa en dejar.
El tiempo es un gran maestro y pone en su lugar muchas cosas
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
Los pájaros pueden olvidar la trampa, pero la trampa no olvida a los pájaros.
De la risa al duelo un pelo.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
La mujer y la guitarra para tocarlas hay que templarlas.
Hijos tienes, nueras tendrás, cuando te descuides en la calle te verás.
Como la mosca es Arteaga; donde se para "la caga".
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Quien aprisa sube, aprisa se hunde.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
Una alegría compartida se dobla, mientras que una aflicción compartida se reduce a la mitad.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Uno explica al amigo, el amigo a los demás
Descansa el corazón, contando su pasión.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Amistades y tejas, las más viejas.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Quien del alacran esta picado, de la sombra se espanta.
Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca