Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
A padre avaro, hijo pródigo.
Rebuzné una vez, y como burro quedé.
Favor de señores y temporal de Febrero, poco duraderos.
Conejos y liebres vendo, porque los prendo.
El hombre a los treinta, o vive o revienta.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
Pato, ganso y ansarón, tres cosas son, y una son: cochino, puerco y lechón.
Pan de centeno y agua de navazo ensancha las tripas y estrecha el espinazo.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Creer a pie juntillas.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
Asno que entra en dehesa ajena, volverá cargado de caleña.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
Quien más tiene, menos suelta.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
Al gorrino y al melón, calor.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
Agua de marzo, pero que la mancha en el sayo.
Niño que en la mesa canta, se atraganta.
Ofrecer el oro y el moro.
Buenas palabras me dice, y a la espalda me maldice.
Quien a mi casa no va, de la suya me echa.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Voy a gobernarles por leyes fijas, entonces el descanso y la felicidad prevalecerán en el mundo
A la col, tocino; y al tocino, vino.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
Berza, ¿por qué no cociste?. Cochina, porque no me revolviste.
Hortelano tonto, patata gorda.
La casa del escudero, ventaja lleva del caballero.
Cada cual decía del amor que tenía.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Según hagas tu cama, así dormirás.
El pato que quiere pasar por cóndor termina siendo ganso.
Año bisiesto, hambre en el cesto.
Irse bestia y volver más, muchas veces lo verás.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
Haz lo que el cura dice y no hagas lo que el hace.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
El montañés, por defender una necedad dice tres.