Son más los días que las alegrías.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
El que come y canta loco se levanta.
De cuarenta para arriba, ni te cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga.
Ni firmes sin leer, ni hables sin ver.
Sol que mucho pica, o llueve o graniza.
No hay atajo sin trabajo, ni rodeo sin deseo.
Caer para levantarse, no es caer.
Mire usted qué dicha, perder el asno y hallar la cincha.
Las dichas enviadas por Dios no despiertan al que duerme.
La magnificencia prestada, es miseria.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Olla todos los días, a un santo cansaría.
Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido.
Llena o vacía, casa que sea mía.
O al puente o al vado, si no hemos de pasar a nado.
Al potro y al niño, con cariño.
Las lagrimas de las mujeres valen poco y cuestan mucho.
Abril, deja las viñas dormir.
Del precipitar nace el arrepentir.
En aguas donde hay piraña, muy pendejo quien se baña.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
Bien urde quien bien trama.
La suerte está echada.
Mal largo, muerte al cabo.
El año nuevo nos viene anunciando cuando Diciembre se va tiritando.
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Cada año, calzones de paño.
Los bellos caminos no llevan lejos.
Es tarde cerrar la puerta del establo después que los caballos se han desbocado.
Llave puesta, puerta abierta.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
Dios da, nunca vende.
El agua lo lava todo excepto la mala fama.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Amistades y tejas, las más viejas.
Un real de deuda, otro acarrea.
La sugestión obra.
El amigo no es conocido hasta que está perdido
El gallo bueno, canta igual en su corral que en el ajeno.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Los frailes comienzan por donde los otros acaban y cesan.
Por Abril duérmese el mozo ruin, y por Mayo el mozo y el amo.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
Siempre que puedas, mantente cerca de los que tienen buena suerte.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
Con un bocado de trigo y otro del prado, saca mi maridito gordo el ganado.
A fortuna adversa no hay casa enhiesta.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.