Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
Donde están los hechos, no son necesarias las palabras.
Ir bestia a Salamanca y volver asno, a muchos ha pasado.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
Quien en presencia te teme, en ausencia te perjudica
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Las paredes oyen.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
Pan tierno y vino añejo dan la vida al viejo.
A cuenta de los gitanos hurtan muchos castellanos.
El que es perico donde quiera es verde.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Al principio y al fin, Abril suele ser vil.
Ocasión perdida, para siempre ida.
De Jaén, o fuleros o malajes.
Son necesarios los amigos hasta en casa del diablo
Ve tu camino para no tropezar.
Pájaro durmiente, tarde hincha el vientre.
Enero, buen mes para el carbonero.
El que no puede tañer arpa, tañe flauta.
Los pastores serán brutales con las ovejas mientras las ovejas sigan siendo estúpidas.
La lengua unta y el diente pincha
De buena casa, buena brasa.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
Bebido el vino, perdido el tino.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
Cuñada y suegra, ni de barro buenas.
Chancho limpio nunca engorda.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
El toro, a las cinco, y el torero, a los veinticinco.
Si quieres ver a tu marido gordito, después de la sopa dale un traguito.
Amistad prendida con alfileres, la que se desprende cuando lo quieres.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
Hermosura de hembra, mil desazones siembra.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
Amigos, oros y vinos, cuanto más viejos, más finos.
Quien es feliz habla poco
Buenas palabras me dice, y a la espalda me maldice.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Donde no hay celos no hay amor.
En burlas ni en veras, con tu señor no partas peras; darte ha las duras y comerse ha las maduras.
Plantas soja recoges soja, plantas judías recoges judías.
Días de mucho vísperas de ayuno.
La miseria es como la tos, no se puede esconder.