Aquí hay mucho cacique y poco indio.
Más vale una mala boda que un buen entierro.
Del odio al amor hay solo un paso.
Quien lengua ha, a Roma va.
Tengo más sueño que una cesta de gaticos al lado de la invernadoiro.
Madrid, nueve meses de invierno, y tres de infierno.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima.
La nieve no rompe las ramas del sauce.
La juventud del viejo está en el bolsillo.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Los hijos del oidor que murió están más muertos que el oidor.
El diez de Abril, al cuco verás venir.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
La flor caída no vuelve a la planta
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
Ama a quien te ama, y no a quien te ilusiona.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
Enero caliente, el diablo trae en el vientre.
Ir contra la corriente, casi nunca es conveniente.
El amor de los gatos, a voces y por los tejados.
El barbecho de enero hace a su amo caballero.
Obremos a no ver, dineros a perder.
El agua arruina el puente y el vino la mente
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.
Por Agosto, ni es vino ni es mosto; por San Andrés, vino es.
En invierno y verano la capa en la mano.
Celemin por celemin, échale trigo al rocín.
Huevo de una hora; pan de un día; vino de un año; mujer de quince; amigo, de treinta, y echarás bien la cuenta.
Berzas en enero, saben como carnero.
Hijos criados, duelos doblados; y casados, redoblados.
Camarón que se duerme, se lo comen los peces.
Abril frío, poco pan y poco vino.
Calenturas de Mayo, salud para todo el año.
Mientras cuentas las estrellas te rodea la oscuridad más profunda
Huevos solos, mil manjares y para todos.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Junta de lobos, muerte de ovejas.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Los hombres envejecen cuando sus lamentos reemplazan a sus sueños.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Una buena campana se siente de lejos.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
Hecha la ley, hecha la trampa.