Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
Zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra¡.
¡Ay de la casa donde no se hila!.
No está la Magdalena para tafetanes.
Maldita la pila lo pica el gallo y no la gallina.
Fíate del santo y no le prendas vela.
La ensalada: salada, vinagre poco y bien aceitada.
Dios te dé salud y gozo y casa con corral y pozo.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana.
Dar en el clavo.
No digas que eres feliz hasta que tu enemigo se haya ido
Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería.
Para morir siempre es muy pronto, para amar nunca es tarde.
El que da grandes cosas quiere a cambio grandes cosas
Solo el mudo no cuenta mentiras.
Una obra acabada, otra empezada.
Buscar los tres pies al gato.
Hijos chicos, chicos dolores; hijos mayores, grandes dolores.
Vase la fiesta y resta la bestia.
Casa con dos puertas, mala es de guardar.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
No se va más lejos cuando se cambia de camino todos los días.
El que no sea cofrade, que no tome vela.
Quieren ganar indulgencias con escapulario ajeno.
En Marzo los almendros en flor y los mozos en amor.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
Por San Blas, higuera plantarás e higos comerás.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Niño con siete niñeras se queda ciego.
Ranas que cantan, el agua cerca; si no del cielo, de la tierra.
Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
Palabra dada, palabra sagrada.
Que dulce queda la mano al que da.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
El vencido, vencido, y el vencedor, perdido.
Cuando la alegría a la sala llega, el pesar esta subiendo las escaleras.
Una copa a las once, son once a la una.
La cortesía exige reciprocidad.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
Los casados, casa quieren.
Al amigo pélale el higo, al enemigo, el melocotón
Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
De molinero mudarás, pero de robado no escaparás.