El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
El hijo sabe que conoce a su padre.
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
En una fina no deben faltar un viejo y un burro, pero que el viejo no sea tan burro, ni el burro tan viejo.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Nuestra vida es un río que desemboca en el mar
Casa en la que vivas, viña de la que bebas y tierras cuantas veas y puedas.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
Si atendido hubiese el consejo de su padre, otro gallo le cantare.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
Todo tiene un fin.
Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
Muchos nacimientos significan muchos entierros.
Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
En casa de tu hermano eructa pollo aunque comas mierda.
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
Estar armado hasta los dientes
Cuando veas al erizo comiendo madroños, entrado está el otoño.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
En gran casa, gran gasto se amasa.
A mamar, todos nacen sabiendo.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
En casa del músico, todos saben cantar.
Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
Remienda tu sayo y te durara otro año.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
Cambios de tiempo, conversación de estúpidos
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?
Por Santa Lucía, mengua la noche y crece el día, y hasta Navidad en su ser está.
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
Para el pobre, hasta su noche de bodas es corta.
Variante: Suegra, abogado y doctor, mientras más lejos mejor.
Más vale vieja conocida, que nueva con sida.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
Tenemos muchos caciques y pocos indios
En casa llena presto se guisa la cena.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Tras de maluca tuerta, más le valiera estar muerta.