Las berzas de enero, escurren el puchero.
Tres simples zapateros hacen un sabio Zhuge Liang.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
Aquellos son ricos, que tienen amigos.
Tiene más dientes que una pelea de perros
Las furias de Celestino, no me importan un comino.
Cuando viene el bien, mételo en tu casa.
Las aguilas vuelan alto, las aguilas no papan moscas.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.
Lo que tiene la fea, la bonita lo desea!
La muerte, al pobre no se atreve.
La leña del cerezo, salta a la cara del viejo.
A barbas honradas, honras colmadas.
Variante: El pez grande se come al pequeño.
De mozo rezongador nunca buena labor.
Solo el mudo no cuenta mentiras.
La mucha confianza es cuna de menosprecio.
Nunca falta de que reírse.
Amigo viejo, tocino y vino añejo.
Mujer moza y Viuda, poco dura.
Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
Ave de pico, no hace al amo rico.
Con el cabello y con el mal marido, cuanto se hace por ellos es perdido.
Aunque tu mujer haya cometido cien faltas, no la golpees ni con una flor.
Alla va el niño, donde le tratan con cariño.
Vive con ilusión mientras estés vivo, el ágil siempre sale adelante. Vi las llamas de una mansión, pero en la puerta yacía un muerto.
El cazador que habla demasiado, va a casa de vacío dio.
Donde va el perrito, va el gatito.
El perro con rabia, de su amo traba.
Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni ninguno se vaya ni se muera; que de idos y muertos nadie se acuerda.
No hay más araña que la que teje.
Llámame gorrión y échame trigo.
Unos llevan la fama y otros cardan la lana.
Cuando Dios da la harina, el diablo se lleva la quilma.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Pueblo chiquito, campana grande.
A mala leña un buen brazado.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
Dinero no falte, y trampa adelante.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.