A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
Para el peor rey, el mejor profeta. Para el peor pecado, el mejor mensaje.
Dios da a cada hombre un gran predio: el tiempo.
Si vas a la guerra, reza una vez; si vas al mar, reza dos, y si te vas a casar reza tres.
Después de Dios, la olla y todo lo demás es farfolla.
Ahora que tenemos tiempo, cuéntame un cuento.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
Si Dios te da piedras, contruye un puente y golpéalo antes de pasar.
Muchos saben cómo adular, pero pocos entienden cómo alabar.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
Hay tres cosas que destruyen al hombre: el vino, el orgullo y el enojo.
El comedido sale jodido.
Dios nos libre de un tonto y más si es celoso.
Quien ruega al villano, ruega en vano.
De aire colado y de fraile colorado, guárdeme Dios.
Unos nacen con estrellas y otros estrellados.
Boca que no habla, Dios no la oye.
En cada refrán tienes una verdad.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Los profetas y adivinos, embaucan a los cretinos.
De ésta me saque Dios, que en otra no me meteré yo.
Antes de los años mil, otros mandarán la tierra.
Mejor es una medida que el Dios te conceda, que cinco mil logradas sin legalidad.
Hasta la muerte, todo es vida.
A quien no habla, no le oye Dios.
A quien el vino no plazca, Dios le quite el pan.
Dios lo hace, y Él sabe porque lo hace.
Dios ayuda al marinero en la tempestad, pero el marinero debe estar al timón.
Ruego a Dios, si te casares, que llorando te descasen.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
La suerte es loca y a cualquiera le toca.
El que espera desespera.
Quien calla otorga
Dios era bueno para negociante.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Las lágrimas de los buenos no caen por tierra, al contrario van al cielo, al seno de la divinidad.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Quien en Dios confía, será feliz algún día.
Quién tiempo tuvo y tiempo perdió, con una albarda castíguele Dios.
Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
Los refranes y las tejas son cosas de casas viejas.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.