El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Todo lo que el médico yerra lo tapa la tierra.
Monja de Santa Irene, que en brazos llevas el nene.
Yo que callo, piedras apaño.
Hacérsele a uno el campo orégano.
El sabio es menospreciado y el necio rico estimado.
Cada panadero blasona de sus panes.
Para todos hay un cementerio.
La contemplación del vicio es vicio.
La persona que no comete nunca una tontería, nunca hará nada interesante.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
Con vil dinero, tendrás vela y candelero; sin dinero vil, ni candil.
Alabaos, coles, que hay nabos en la olla.
Cuando pudieres trabajar, no lo dejes, aunque no te den lo que mereces.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Quien hace la cuenta sin el huesped, la hace dos veces.
Ya no hay fiadores: matáronlos los malos pagadores.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
Cuanto más grande la cabeza, más fuerte la jaqueca.
El hijo del bueno, pasa malo y bueno.
Parientes pobres y trastos viejos, pocos y lejos.
Gota a gota, el agua es broca, que al fin horada la roca.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
Antes de conocer bien a un amigo conviene haber comido mucha sal con él
Al perro que es traicionero, no le vuelvas el trasero.
La olla en el sonar, y el hombre en el hablar.
Cuando se ocupa demasiado tiempo en algo o se pierde el tiempo inútilmente.
El buen vino, de sí propio es padrino.
Suegra y nuera, perro y gato, no comen en el mismo plato.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.
El que no se consuela es por que no quiere.
No está la Magdalena para tafetanes.
El amigo verdadero ni contra tu honra ni contra tu dinero.
Con la misma vara que midas serás medido.
No hay como la mama de uno, que da dos platos por uno.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Donde hay confianza, da asco.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Al mal circo le crecen los enanos.
Por San Blas, el besugo atrás.
De los míos me oirás, pero no me hablarás/dirás.
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
Ponle a un perro un nombre sabroso y cómetelo.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
Madruga y verás; busca y hallarás.
Hablar, no cuando puedas, sino cuando debas.
Más vale mendrugo que tarugo.
Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete.