A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
Desde los tiempos de Adán, unos calientan el horno y otros se comen el pan.
Año bisiesto, año siniestro.
Eres como San Nicolás, me lo quitas después que me lo das.
El que cada día va bien, el domingo no tiene que poner.
La jodienda no tiene enmienda.
Cerrado a cal y canto.
A bien se llega quien bien se aconseja.
Van al mismo mazo.
Más logran las lágrimas que las palabras.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
Estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo.
Un hombre feliz es como un barco que navega con viento favorable.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
¿Por qué nos quejamos de que un árbol salga torcido cuando, en nuestras calles hay personas torcidas?
Y vuelta la burra al trigo.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
No confíes a otro lo que puedas hacer por ti mismo.
Da un dátil al pobre y disfrutarás de su verdadero sabor
A fuerza de villano, hierro en mano.
Rico y de repente, no puede ser santamente.
Desdichas y caminos hacen amigos.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Año de endrinas, año de espinas.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.
No compres cabra coja pensando que sanará; son las sanas y encojan, con que las cojas qué no harán.
Llora tus penas y deja las ajenas.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
No hay montaña sin niebla, de la misma forma que no hay hombre de mérito sin calumnias.
Palabras señaladas no quieren testigos.
Si tu beso tiene el ardor del sol, la rosa te dará todo su perfume
En Gumiel de Izán, tan malo es el hombre como el pan.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
Perdonar no es olvidar, y en el perdón sin olvido sobran palabras y falta corazón.
Porque los loros no tienen médicos, viven siglo y medio; que si los tuvieran, cincuenta años no vivieran.
El pez que no se ha cogido es siempre el más grande y el anzuelo siempre el más pequeño
Al médico, confesor y letrado, no le hayas engañado.
El que paga mal, paga dos veces.
Buena cara dice buen alma.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
Cuando guían los ciegos, ¡ay de los que van tras ellos!.
Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
Come bien, bebe mejor, mea claro, pee fuerte y cágate en la muerte.
Al saber lo llaman suerte.