Dios da barbas, al que no tiene quijada.
Arena y cal encubren mucho mal.
Los casados, casa quieren.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
¿Cómo amaneciste ? Pues bien, ahí acostado.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Chico pueblo, grande infierno.
Algo tendrá el queso, pa' venderlo al peso.
El que mucho escoge poco coge.
A quien por sufrir deja la vida, vida por sufrir deja a la muerte.
A la sombra del nogal no te pongas a recostar.
La testa es para un niño, lo que para la tierra el cultivo.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
Por una oreja entra y por otra sale.
Al son que le toquen bailan.
El sueño es media vida y la otra media la comida.
A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.
Las penas con pan son buenas.
Un día en prisión es como mil otoños fuera.
Quien a hierro hiere, a hierro muere.
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
Jalan más dos tetas que tres carretas.
La buena comida se anuncia a la nariz desde la cocina.
Solo se consume el que no ama, pero quien ama da hasta los huesos a los demás
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
El que jura miente.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Mayo que fuere ventoso, todo fruto hace sabroso.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
Fuerza sin maña no vale una castaña.
Humedades de Abril, malas son de salir.
El que planta árboles, ama a los otros además de a sí mismo.
Ama a tu amigo como a ti mismo
Fuerza sin maña, mucho rompe; y maña sin fuerza, poco tira.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
Me basta un rincón junto a la chimenea, un libro y un amigo, un sueño breve, no atormentado por las deudas
Chocolate frío, échalo al río.
Ocasión que se va, quien sabe si volverá.
La sabiduría inútil solo se diferencia de la tontería en que da mucho más trabajo.
De cien en cien años, vuelve el río por sus andamios.
En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos.
Buena cara dice buen alma.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Confesión hecha, penitencia espera.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
No hace falta ver los pensamientos; basta mirar la expresión de los rostros.
Ciertos maridos existen porque ciertas mujeres no han querido quedarse solteras
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
Para fastidiar al patrón, no como lentejas.