Espéjate para que veas cómo eres.
Tres estornudos, resfriado seguro.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Las cosas bien pensadas, bien acertadas.
Caballo hermoso, de potro sarnoso.
El que es perico donde quiera es verde y el que es pendejo donde quiera pierde.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Nunca con menores, entables amores.
Acabar como el Rosario de la Aurora.
A gran prisa, gran vagar.
Si a la abeja ves beber, muy pronto verás llover.
El arroz, el pez y el pepino, nacen en agua y mueren en vino.
El que mea y no pee, es como el que va a la escuela y no lee.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
Irse con la soga entre los cachos.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
A cada paje, su ropaje.
Cabeza que no habla, dígale calabaza.
Si las vides lloran debemos beber sus lágrimas.
Variante: En nombrando al rey de Roma, por la puerta asoma.
A las obras me remito.
Fiambre y fiado, saben bien, pero hacen daño.
Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.
Bien está lo que bien acaba.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.
Las mujeres quieren ser rogadas.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Éramos pocos y parió la abuela.
Tronar como un arpa vieja.
Quien se duerme, no pesca peces.
Con jolgorio y veraneando, se va el tiempo volando.
Eres de la ley del tordo, las patas flacas y el culo gordo.
¿Quién con una luz se pierde?
No es gallina buena la que come en casa y pone fuera.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
Nuestros padres, a pulgadas, y nosotros, a brazadas.
Para el pobre, hasta su noche de bodas es corta.
Abril Abrilete, cuando la viña mete.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
Mas vale paso que dure, que trote que canse.
Bailar la trabajosa.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Mal año espero si en Febrero, anda en mangas de camisa el jornalero.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Valgan las llenas, por las vacías.
Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni ninguno se vaya ni se muera; que de idos y muertos nadie se acuerda.