El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Si pones vides junto a caminos, perderás muchos racimos.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
El matrimonio es el único error que no debemos dejar de cometer.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
Donde lloran esta el muerto.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
En la casa que no hay de comer, todos lloran y saben porqué.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.