Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.
Es fácil nadar cuando os aguantan la barbilla.
El ojo del amo hace más que sus manos.
Por ir mirando a la luna, me caí en la laguna.
Las llamas se elevan más cuando cada uno les echa leña.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
Hurta y reparte, que es buen arte.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
Hasta el cuarenta de Mayo, no te quites el sayo; y para más seguro, hasta el cuarenta de Junio.
Un corazón tranquilo es la vida del cuerpo
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Con caracoles, higos y brevas, agua no bebas.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Hasta las hienas quieren a sus hijos.
Los infortunios que no pueden evitarse, deben endulzarse.
La muerte regalos no prende.
La liebre que has de matar, cuesta abajo la has de echar.
De higos a brevas, larga las lleva.
La traición place, más no el traidor que la hace.
Quien pisa con suavidad va lejos. Proverbio Irlandés
Si un árbol cae, plantas otro.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
La mujer y la sardina ha de ser pequeñina.
A cada paje, su ropaje.
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto
La Luna no es pan de horno
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
Orden y contraorden, desorden.
Bien de mis males, mal de mis bienes.
En toda guerra está mezclada una mujer.
La lengua queda y los ojos listos.
Nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear.
Se llevarán bien la suegra y la nuera, cuando el burro suba la escalera.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
El mejor sol es el que calienta hoy
La que ha de pescar marido, lo saca de la tinaja.
Remendar y dar a putas.
El que las hace, las imagina.
Cuando llueve y hace sol, andan las meigas por Ferrol.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Una vez engañan al prudente y al necio veinte.
Donde el gusto falta, nada valen el oro y la plata.
De la mar, el mero; y de la huerta, el puerro.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
¿Fiado?. Mal recado.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
No hay medicina para el miedo.
Uno de los mayores placeres de la vida es hacer aquello que los demás dicen que no podemos hacer.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.