El que se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen.
Feliz es la muerte que antes que la llame viene.
De once veces que hagas bien, te arrepentirás diez.
Los amigos se conocen en las ocasiones.
Mejor una buena separación que una falsa amistad
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
Pan y vino es media vida, la candela la otra media.
Sin hijos y sin celos no hay desconsuelos.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Un lago se forma gota a gota.
Saber de pobre no vale un duro
Si la mujer supiera lo buena queye la nielda, la paceria como las vacas la hierba.
A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.
Niebla de Marzo, helada de Mayo.
Sé constante y ten ánimo en tus trabajos.
La felicidad da la vista a un ciego
Reniego de casa que a zapato nuevo dicen buena prohaga.
Boca con duelo, no dice bueno.
La tierra que me sé, por madre la he.
La tierra será como sean los hombres.
Tu montón y mi montón, cuanto más separados, mejor.
En las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo bien me las subo.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Desde lejos te escribo, y desde cerca no te visito.
La mujer es como la guitarra, si no la tocan no suena.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Más perdido que perro en misa.
No hay ausencia que mate, ni dolor que consuma.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Mejore morir de estómago lleno que vivir con el vacío.
El nosotros anula el yo.
Más vale poco pecar que mucho confesar.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Ocasión perdida, para siempre ida.
El yerro encelado, medio perdonado.
Hijos crecidos, trabajos llovidos.
El hombre es para el hombre un espejo.
Hoy por mí, mañana por ti.
Al que da y quita le sale una jorobita.
Las palabras son como las piedras, que no se pueden revocar.
El ojo del amo hace más que sus manos.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
El perro viejo no ladra sin razón.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.