No son hombres todos los que mean en la pared.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
Hacer que hacemos, y no hacemos nada.
Honor a quien honor merece.
En vísperas de viajar no te pongas a jugar.
Si tu mujer trabaja, no tienes con que espantarla.
Atente al santo y no le reces.
El hogar del Ingles es su castillo.
El mosquito no se apiada del hombre, por más flaco que esté.
A mal que no tiene remedio, no hay más que ponerle buena cara.
Aunque me visto de lana, no soy oveja.
Paja al pajar y barberos a rapar.
Razones sacan razones.
La oveja de muchos, el lobo la come.
Nadie ponga al fuego su olla vacía esperando que el vecino se la llene de carne.
La espina saldrá por donde entró.
Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
Gallina, cabro y marrano; se manducan con la mano.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
Guay de gachas, a tal hora comidas y con punta de alfiler.
Quien tiene boca, no diga a otro sopla.
Es de gran dolor no ser loado, siendo digno de loor.
Entre mamar y mamar dos horas han de pasar.
Cuando comía todo, mi mujer lo escondía; y ahora que no puedo comer, todo me lo deja ver.
Ya que se quema la casa, calentémonos en ella.
Herrero que no ve, de una aguja saca tres.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Na noite de san Xoán, non queda na casa nin o can. En la noche de San Juan, no quedan en casa ni los perros.
La mala vida acaba en mala muerte.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
Fraile descalzo se pone las botas de los demás.
Hablando mal y pronto.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Carnero, comer de caballero.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
Las mujeres buenas no tienen ojos ni orejas.
Si tienes miedo, a nadie lo reveles.
Aunque el tonto coja la vela, ésta se apaga y el tonto queda.
Cabeza que no habla, dígale calabaza.
Hambre y sed, la mejor salsa para comer.
A buen servicio, mal galardón.
Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.
Si al construir se escuchara el consejo de todo el mundo, el techo nunca se llegaría a poner.
Contra un padre no hay razón.
Quién no gusta del vino, tiene otros peores vicios.
Guardia viejo no cae en gancho.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Borrego al camión, duro a la montera.