El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.
Mal se conciertan dos pobres en una puerta.
Es mejor sudar que temblar
Si pierdes el caballo puedes recuperarlo;pero si pierdes la palabra, es para siempre.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Reniego de plática que acaban en daca.
La mala suerte es pelota, que pega pero rebota.
El que al sentarse dice "¡ay!" y al levantarse dice "¡upa!", no es ese el yerno que mi madre busca.
El perro permanece perro, aunque sea criado entre leones.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Pan con ojos y queso sin ellos.
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
En Febrero llama a obrero, a últimos que no a primeros.
Boca sin dientes, casa sin gente.
El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Niebla que amanece, levanta y no agarra, buen tiempo que no falla.
Mientras vas y vienes, por el camino te entretienes.
De la mar, el salmón; de la tierra, el jamón.
A una cebolla ni siquiera el perro la huele.
Pocas palabras son mejor.
Pobre con rica casado, marido de noche y de día criado.
Voz del pueblo, voz del cielo.
Miente una sola vez y no te creerán después aunque digas la verdad.
Guiso recalentado y amigo reconciliado, dales de lado.
Sobre la marcha, ¡rompan filas! (Durante el periodo del cuartel de instrucción en España).
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan.
El cebo oculta el anzuelo.
Ayer putas y hoy comadres, según de donde sopla el aire.
A padre avaro, hijo pródigo.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Caballo que a treinta pasos ve una yegua y no relincha es que está malo o le aprieta la cincha.
Cada panadero blasona de sus panes.
Un hombre debería hacernos la vida y la naturaleza más agradables; si no no hacía falta que naciese
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
Calles mojadas, cajón seco.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
Donde comen cuatro comen cinco.
Cuando ya el año caduca, le escuece el pavo la nuca.
Cuando el camino es corto, hasta los burros llegan.
No hay sábado sin sol, ni doncella sin amor, ni moneda que no pase, ni puta que no se case.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
Cochino matado, invierno solucionado.
De los muertos no se hable sino bien.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Que a la corta, que a la larga, todo se paga.
Llaga incurable, vida miserable.