Maestre por maestre, seálo éste.
Desnudo naci, desnudo me hallo; ni pierdo ni gano.
Guarda pan para Mayo y leña para todo el año.
El destino baraja, nosotros jugamos.
A cabellos enredados, piojos por descontado.
Diciembre tiritando, buen enero y mejor año.
Ni de malva buen vencejo, ni de estiércol buen olor, ni de puta buen amor.
Madruga y verás; busca y hallarás.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza.
Hacer una montaña de un grano de arena.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
Labrar en barbecho, es labrar necio.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
El que chatico nació, no puede ser narigón.
En las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo bien me las subo.
Entre reventar o peer, ¿qué duda puede haber?.
El cura de la aldea, por él venga lo que desea: que mucha gente se muera.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Buena fama es buena cama.
No serán novillas, si tienen criadillas.
A la que da con mal marido, se le va lo comido por lo servido.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
¡A la mierda! (Fernando Fernan Gomez).
Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja.
De familia y trastos viejos, pocos y lejos.
Hablando mal y pronto.
Al que madruga, Dios le ayuda.
Las cañas se vuelven lanzas.
Después de la risa viene el llanto.
Nunca te arrepientas de lo que has hecho, arrepiéntete de lo que has dejado de hacer.
No hay mal que por bien no venga.
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
Navarro, ni de barro
Mujer con toca, dos veces si.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
Paga adelantada, paga viciada.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Es engaño triste y vano, consolarse con la mano.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Molino que no muele, algo le duele.
Las piedras no hablan.
Cada cosa tiene su precio.
A más años, más desengaños.
Los que temen una caída están medio vencidos.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
Los langostinos, en el mar estaban y ya pedían vino.
Cada uno habla como quien es.
Dios castiga sin dar voces.