Oigo mi gallo cantar, pero no sé en que corral.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Cuando las puertas de la ciudad se incendian los peces en el foso sufren.
Variante: De aquellos polvos vinieron estos lodos.
Manjares y buenos vinos, no son para los cochinos.
Digas lo que digas, siempre dirán que dijiste, que no dijiste nada
No olvide su cuna quien haga fortuna.
La plata no hace la felicidad...pero ayuda.
Las estaciones construyen una fortaleza y la derruyen
El cantar, alegra el trabajar.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
A mucho vino, poco tino.
Muerto el último árbol, muerto el último hombre.
Como es la mujer, así es la casa.
Cólera de amantes resurgir del amor
Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
Nadie remienda un vestido viejo, con un pedazo de vestido nuevo.
Soplo de marzo y lluvia de abril, a agosto y septiembre los hacen reír.
Cuando al palomo veas en el agua, coge las botas y el paraguas.
A cántaro roto, otro al puesto.
De tal jarro, tal tepalcate.
El que es enemigo de la novia, ¿cómo dirá bien de la boda?.
Que a la corta, que a la larga, todo se paga.
Ahora adulador, mañana traidor.
Un corazón amante y bello nunca es viejo.
El que porfía mata venado.
El muerto y el arrimado, a los tres días apestan.
Pan de ayer y vino de antaño, mantienen al hombre sano.
Hombre que vive de amor y vino, que no se queje de su destino.
Para una mujer enamorada amar demasiado es no amar suficiente
De veinte a sesenta, cornamenta.
Cuando viejo el perro es, la zorra se mea en él.
De joven maromero y de viejo payaso.
Ni poeta con dinero ni mujer sin pero.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
A la que te criaste, te quedaste.
El hombre por el traje, la perdiz por su plumaje.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Hacerle a uno la pascua.
Quien siempre habla y nunca calla dice muchas insensateces. La lengua ligera ocasiona problemas y a menudo menosprecia al hombre.
El que de joven come perdices, de grande caga las plumas.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.
Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
Amistades y tejas, las más viejas.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
No puedes privar alagua de correr y a los perros de ladrar.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Yo soy la que hiedo, que no el atún que vendo.
La mala mujer y el buen vino, se encuentran en el camino.