Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
Burro que tropieza dos veces en el mismo canto, es burro doblado.
Le estas buscando los tres pies al gato y te van a salir los cuatro.
Bicho malo nunca muere.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
Cuando el ama no está en casa, las ollas están sin asa.
En el pedir no hay engaño.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
Ten tu arca bien cerrada, y la llave ben garda.
El silencio es el muro que rodea la sabiduría.
Ajo sal y pimiento y lo demás es cuento.
A días claros, oscuros nublados.
Lo que oyes lo olvidas, lo que ves lo recuerdas, lo que haces lo aprendes.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Los extremos nunca son buenos.
Para regalo de boda, manda lo que en tu casa estorba.
Mujer refranes, muller puñetera.
Poco a poco hila la vieja el copo.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Soldado que huye sirve para otra guerra.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
Aunque veas pleito ganado, vete con cuidado.
Otoño entrante, barriga tirante.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Todos los caminos conducen a roma.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
Freír todo el arenque para comer las huevas
Al ingrato con la punta del zapato.
Hijo casado, vecino airado.
Quien tiene arte va por todas partes.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
La intención hace la acción
Con remiendo del mismo paño echaras atrás el año.
A caballo regalao no se le mira el cormillo.
Se pilla al mentiroso, antes que al cojo.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
Una sola vez no es costumbre.
Carta echada, no puede ser retirada.
Del reir viene el gemir.
Perdona una vez; pero nunca tres.
Amor no respeta ley, ni obedece a rey.
La mentira puede correr un año, la verdad la alcanza en un día.
Va la moza al río, calla lo suyo y cuenta lo de su vecino.
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
A la larga, todo se arregla.
Remendando, remendando, vamos la vida pasando.