Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Amigo viejo, tocino y vino añejo.
Hombre hablador, nunca hacedor.
Casa de padre, viña de abuelo y olivar de bisabuelo.
Lo que bien se aprende, nunca se pierde.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
Todas las cosas pasan como el viento.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
Más ordinario que una vaca con pedal.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
Una mano no aplaude. Dos manos si.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
No quieras nunca buenos comienzos.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
El aprendizaje cuesta caro, y siempre se paga.
La imagen de la amistad es la verdad
Dale Juana con la canasta (cuando alguien insiste mucho con un tema en particular)
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Quien con mocos va a la guerra con mocos vuelve de ella.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
No amamos a una mujer por lo que dice, amamos lo que dice porque la amamos.
En la abundancia de agua, el tonto tiene sed.
El pato que quiere pasar por cóndor termina siendo ganso.
Las migas son también pan.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
Una mentira puede matar mil verdades.
En camino largo, corto el paso.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Amigo de todos, loco con todos
No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio.
La olla en el sonar, y el hombre en el hablar.
El corazón jamás habla, pero hay que escucharlo para entender.
Buen lector, mal escribano.
Más ordinario que una monja en guayos.
Don Din nunca parece ruin.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Eso es como pedirle peras al olmo.
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
Si a los cuarenta no eres rico, arre borrico.
Cabeza que no habla, dígale calabaza.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Mientras uno calla, aprende de los que hablan.
Cerca del rey, cerca del cadalso.